Una historia increíble de héroes anónimos

Una historia increíble de héroes anónimos
1 agosto, 2019 REDPISO

Superar un cáncer no es tarea fácil. Y si quien lo padece es un niño, menos todavía. Según la Sociedad Española de Hemato-Oncología Pediátrica, la tasa de supervivencia a los cinco años de niños de entre 0 y 14 años que lo padecen, alcanza casi el 80%. Se trata de un dato esperanzador que aspira a ser del 100%. Cada año, se diagnostican 1100 casos de cáncer infantil en España. «Una sola muerte por cáncer infantil es demasiado», aseguran desde la Federación. Por suerte, en el proceso de curación, a veces se encuentra a héroes anónimos como este madrileño que se desplaza hasta hospitales donde se trata enfermedad para amenizar la estancia a los pacientes más pequeños. Queríamos conocer su historia y los motivos que le impulsan a llevar a cabo esta labor.

¿Cuál es la actividad que realizas en estos hospitales?

Básicamente me dedico a hacer reír a niños que están pasándolo mal. Me visto de payaso y voy a hospitales oncológicos a ver a estos niños para intentar que durante un rato se olviden un poco de los médicos y las medicinas y se lo pasen bien.

¿Cómo se te ocurrió la idea y desde cuándo llevas haciéndolo? ¿Tienes alguna relación personal con esta enfermedad que te haya hecho involucrarte más?

Bueno mi relación con esta enfermedad es a través de un amigo, que tenía un hijo que finalmente murió. Esa situación me causó un gran impacto, debido al sufrimiento y a lo pequeño que era él, y pensé que si había algo que estuviera en mi mano para ayudar tenía que hacerlo.

¿Cómo eliges los hospitales que vas a visitar? ¿Cómo preparas la visita?

Me llaman los papás. Ellos son los que se ponen en contacto conmigo y me cuentan un poco la situación, me cuentan cosas del niño, etc. Y en cuanto a la preparación, pues básicamente cojo el coche, las cosas que necesito y me planto en la ciudad que sea.

¿Cómo te reciben los niños? ¿Cuál es su reacción al verte entrar?

¡Imagínate! Pues se llevan una sorpresa enorme, porque están acostumbrados a otra cosa, y que de repente entre en su habitación un payaso a hacer que se rían… La primera reacción es sorpresa, porque les extraña lo que están viendo, y luego muchas risas.

¿Y cuál es la reacción de los padres?

Pues lo primero es que se alegran mucho. Evidentemente ellos también están sufriendo, y ver que sus hijos se lo están pasando genial y se están divirtiendo, pues a ellos también les pone contentos. Además están muy agradecidos. Te agradecen mucho que vayas hasta allí a ayudar.

¿Cómo es el trato con el personal médico? ¿Qué te dicen ellos?

El trato es muy bueno. También te agradecen la ayuda. Te dicen que lo que estás haciendo es maravilloso.

¿Cuál es la sensación que te queda al salir de estos hospitales?

Bueno, no es fácil. Los niños deberían estar jugando y no en un hospital. Durante el rato que estoy allí nos divertimos, pero al salir no te voy a negar que sí me entra una sensación de tristeza y angustia.

¿Cómo cambia uno cuando está en permanente contacto con estas situaciones?

Sí, cambias totalmente. Aprendes a relativizar las cosas. Te das cuenta de lo que al final es lo más importante, que es la salud y estar bien. Además también te sorprende la fuerza que tienen y la alegría por seguir haciendo cosas de niños pese a la dificultad que les ha tocado. Es muy difícil salir de un hospital de este tipo igual que has entrado.

¿Cuál es la historia que más te ha marcado?

No sería capaz de quedarme con una, la verdad. En realidad todas te sorprenden o te marcan de alguna forma: lo pequeños que son, las dificultades que tienen las familias y los sacrificios que hacen…

¿Qué se le puede decir a alguien que esté atravesando esta enfermedad?

Mandar muchos ánimos. Por la experiencia sé de sobra que es una situación complicada, pero que entre lo bien preparados que están los médicos, el apoyo y el cariño de la familia y la fuerza de cada uno, se puede ganar.

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