30 años de la caída del Muro de Berlín

30 años de la caída del Muro de Berlín
9 noviembre, 2019 REDPISO

Un 9 de noviembre se iniciaba la caída del Muro de Berlín, último símbolo en Europa de la Unión Soviética, que había dividido la capital alemana en dos durante 28 años, separando a familias y amigos. Este suceso propiciaba el principio del fin de la URSS. Hoy se cumplen 30 años de aquel momento y vamos a repasar las causas y consecuencias que propiciaron uno de los hechos más relevantes de la Europa del siglo XX.

Antecedentes

Al finalizar la II Guerra Mundial, tras la división de Alemania, Berlín también quedó dividida en cuatro sectores de ocupación: soviético, estadounidense, francés e inglés. Las malas relaciones entre los comunistas y los aliados fueron creciendo hasta llegar al punto en que surgieron dos monedas, dos ideales políticos y, finalmente, dos alemanias.

En 1949, los tres sectores occidentales (estadounidense, francés y británico) pasaron a llamarse República Federal Alemana (RFA) y el sector oriental (soviético) se convirtió en la República Democrática Alemana (RDA). Berlín, al haber quedado en la zona soviética, fue también dividida y se crearon 81 puntos de paso entre las dos zonas de la ciudad.

Banderas de las zonas orientales de Berlín y Alemania.

La construcción del muro

La maltrecha economía soviética y la floreciente Berlín occidental hicieron que hasta el año 1961 casi tres millones de personas dejaran atrás la Alemania Oriental para adentrarse en el capitalismo. La RDA comenzó a darse cuenta de la pérdida de población que sufría (especialmente de altos perfiles) y, la noche del 12 de agosto de 1961, decidió levantar un muro provisional y cerrar 69 puntos de control, dejando abiertos sólo 12.

A la mañana siguiente, se había colocado una alambrada provisional de 155 kilómetros que separaba las dos partes de Berlín. Los medios de transporte se vieron interrumpidos y nadie podía cruzar de una parte a otra. Durante los días siguientes, comenzó la construcción de un muro de ladrillo. Aquellos que vivían en la línea de construcción fueron desalojados. Con el paso de los años, hubo muchos intentos de escape (algunos con éxito), de forma que el muro fue ampliándose para aumentar su seguridad.

El Muro de Berlín fue nombrado en la RDA como Muro de Protección Antifascista​, levantado para “proteger” a su población de “elementos fascistas que conspiraban para evitar la voluntad popular de construir un Estado socialista en Alemania del Este”. La opinión pública occidental, en cambio, lo conocía como “muro de la vergüenza”. La realidad es que se trataba de una barrera para que la población no huyera hacia el lado de la ciudad donde se vivía mejor. Para el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, se trataba de “una solución poco elegante, aunque mil veces preferible a la guerra”.

El Muro de Berlín acabó por convertirse en una pared de hormigón de entre 3,5 y 4 metros de altura, con un interior formado por cables de acero para aumentar su resistencia. En la parte superior colocaron una superficie semiesférica para que nadie pudiera agarrarse a ella. Acompañando al muro, se creó la llamada «franja de la muerte», formada por un foso, una alambrada, una carretera por la que circulaban constantemente vehículos militares, sistemas de alarma, armas automáticas, torres de vigilancia y patrullas acompañadas por perros las 24 horas del día. Tratar de escapar era similar a jugar a la ruleta rusa con el depósito cargado de balas. Aun así, fueron muchos los que lo intentaron.

En 1975, 43 kilómetros del muro estaban acompañados de las medidas de seguridad de la franja de la muerte, y el resto estaba protegido por vallas. Entre 1961 y 1989, más de 5.000 personas trataron de cruzar el muro y más de 3.000 fueron detenidas. Alrededor de 100 personas murieron en el intento: la última de ellas, el 5 de febrero de 1989.

La caída del Muro de Berlín

La caída del muro vino motivada por la apertura de fronteras entre Austria y Hungría en mayo de 1989, ya que cada vez más alemanes viajaban a Hungría para pedir asilo en las distintas embajadas de la República Federal Alemana. Este hecho, motivó enormes manifestaciones en Alexanderplatz que llevaron a que, el 9 de noviembre de 1989 el gobierno de la RDA afirmara que el paso hacia el oeste estaba permitido.

Ese mismo día, miles de personas se agolparon en los puntos de control para poder cruzar al otro lado y nadie pudo detenerlos, de forma que se produjo un éxodo masivo. Al día siguiente, se abrieron las primeras brechas en el muro y comenzó la cuenta atrás para su final. Una vez liberados, familias y amigos pudieron volver a verse después de 28 años de separación forzosa.

La vivienda durante el Muro de Berlín

Hay multitud de historias curiosas relacionadas con la vivienda en esta época. Muchos alemanes del este habían huido del país en 1989 antes de que cayera el muro (en dirección a Praga o a través de Hungría a Austria y Alemania Occidental), y muchos más cruzaron cuando se abrió la frontera. Dejaron atrás sus trabajos y sus casas. Para aquellos que se quedaron atrás, especialmente los jóvenes, de repente había una gran cantidad de lugares vacíos que podían ocupar. Las grandes ciudades de Alemania Oriental, pero particularmente Berlín Oriental, se convirtieron en el paraíso de los ocupantes ilegales.

Aquí puedes leer una entrevista a Dirk Moldt, uno de los jóvenes que había participado en esas ocupaciones y en la caída del muro.

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